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Aquila (siglo II)

La primera traducción que los judíos hicieron del Antiguo Testamento, dejando aparte las paráfrasis al arameo, es la que 70, o 72 para ser más exactos, eruditos judíos hicieron del hebreo al griego en Alejandría en el siglo III a. C.  bajo el reinado de Filadelfo (285-247 a. C.) y que llegó a ser conocida como la Septuaginta (LXX). Alrededor de esta traducción se elaboró, ya desde antiguo, toda una historia en lo que respecta a la manera casi milagrosa de cómo se produjo. Ireneo relata en su obra Contra las herejías algo de lo que decimos:

"Antes que los romanos establecieran su gobierno, mientras los macedonios todavía poseían Asia, Tolomeo, hijo de Lagos, anhelando adornar la biblioteca que había fundado en Alejandría con los mejores escritos procedentes de todo lugar, pidió a los de Jerusalén que tradujeran sus Escrituras al griego. Todavía sometidos a los macedonios en aquel entonces, enviaron setenta ancianos, los más competentes que tenían en las Escrituras y en el conocimiento de ambas lenguas, cumpliendo así el propósito de Dios. Temiendo que pudieran conspirar para ocultar en su traducción el verdadero sentido de las Escrituras, Tolomeo los separó y les mandó a todos que escribieran la misma traducción de todos los libros. Cuando se reunieron ante Tolomeo y compararon sus distintas versiones, Dios fue glorificado y la Escritura fue reconocida como divina, porque todos decían las mismas cosas en las mismas palabras y frases de principio a fin, de modo que incluso los paganos que estaban presentes supieron que las Escrituras habían sido traducidas por inspiración de Dios."

La LXX gozó de reconocimiento oficial por la comunidad judía de Alejandría y escritores posteriores como Filón o Josefo la usaron en sus escritos. Debido a que los judíos, en la etapa de la Diáspora, habitaban muy lejos de la tierra de sus padres fueron perdiendo poco a poco el conocimiento del hebreo, lo que supuso que la LXX llenara un hueco vital para la subsistencia de dichas comunidades.

Además la LXX preparó el terreno para los misioneros cristianos que vendrían algo más tarde, pues fue la versión que en los primeros días del cristianismo usó la iglesia; de hecho las citas del Antiguo Testamento recogidas en el Nuevo proceden de la LXX.


Génesis 1:1-8 en la traducción de la LXX

Sin embargo, poco después de que los cristianos comenzaran a usarla, la LXX comenzó a perder prestigio entre los judíos. Varias razones hubo para ello: en primer lugar, en las disputas teológicas entre cristianos y judíos, ciertos pasajes de la LXX parecían inclinarse del lado cristiano; tal vez el más famoso de ellos sea el de Isaías 7:14, en el que la LXX traduce el hebreo 'almah como virgen, confirmando así la creencia cristiana del nacimiento virginal de Jesús. Otra razón para el abandono de la LXX por los judíos fue la fijación del texto y el canon del Antiguo Testamento en Palestina hacia el final del siglo I d. C. Ahora bien, este canon palestiniense no concordaba exactamente con el canon de la LXX; ciertos libros contenidos en este último, Macabeos, Judit, Tobías, Baruc, Sabiduría, Eclesiástico, Salmos de Salomón y otras porciones fueron desechadas en el concilio de Jamnia que fijó el canon.

Además, y tal vez como resultado de la difusión imparable del cristianismo, en el seno del judaísmo se desarrolló en los primeros siglos de la era cristiana un movimiento muy conservador. Bajo la influencia del rabí Akiba (siglo II d. C.) nace una escuela de interpretación rabínica que subraya el valor de cada letra en el texto sagrado, siendo estrictamente literales en el respeto escrupuloso del valor de las palabras. A esta escuela le parece la LXX una traducción demasiado libre.

Por todas estas razones se hace necesaria para el judaísmo una nueva traducción al griego del Antiguo Testamento. Y aquí es donde Aquila va a entrar en escena. Poco se sabe de su vida, si bien Jerónimo dice que era prosélito judío del Ponto. Parece que militó en las filas cristianas para volver de nuevo al judaísmo bajo la influencia del rabí Akiba, (aunque el Talmud de Jerusalén, Megillah 71a, lo relaciona con R. Eliezer ben Hircano y R. Yehosua) cuyos métodos de interpretación serían usados por Aquila para hacer su traducción al griego.

Como es de suponer la traducción de Aquila es muy literal, cayendo a veces en ingenuidad, si bien una ingenuidad no exenta de mérito por su coherencia con sus rígidos principios de traducción. Naturalmente, la traducción de Aquila no gozó de simpatías entre los cristianos, quienes vieron cómo tradujo la palabra 'almah de Isaías 7:14 por doncella en lugar de virgen. Jerónimo en algún momento se burla de las peculiaridades de la traducción de Aquila, por ejemplo en Génesis 1:1 que traduce: 'En el principio creó Dios con los cielos y con la tierra. ' Por otro lado, Aquila sustituyó los términos que habían adquirido connotaciones cristianas por otros nuevos. Por ejemplo, la palabra mãšîah = Khristós, "Mesías", la reemplaza por eleîmmenos. Por todo ello, los judíos tendrán en alta estima el trabajo de Aquila, usándolo durante siglos en sus servicios religiosos y solamente cuando se estipule el estudio del texto hebreo original, lo cual tiene lugar durante el Imperio Bizantino, será que la traducción de Aquila pierda autoridad.

Cien años más tarde de la aparición de la traducción de Aquila, que tiene lugar bajo el reinado de Adriano en el 130 d. C., Orígenes, el gran erudito cristiano de la escuela de Alejandría, va a dedicar buena parte de su vida al estudio del texto del Antiguo Testamento, comparando las distintas versiones que tiene a mano. Para ello compondrá una de sus obras cumbres, denominada Hexapla, la cual contiene el texto sagrado en seis columnas paralelas: el texto hebreo en caracteres hebreos, el texto hebreo en caracteres griegos, la LXX, la traducción de Aquila, la de Símaco y la de Teodoción. De esta manera la traducción de Aquila va a conseguir entrar en el campo de estudio de los eruditos cristianos por la mano de Orígenes.

Epifanio (c. 315—403) preservó en sus escritos la tradición cristiana popular que hacía de Aquila un pariente del Emperador romano Adriano, quien le contrató para reedificar Jerusalén, donde fue convertido al cristianismo, si bien regresó al judaísmo al ser reprendido por practicar la astrología.

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