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Juan de Valdés (-1541)

Juan de Valdés
Juan de Valdés

Orígenes

Juan de Valdés nació en Cuenca (España) hacia finales del siglo XV o principios del XVI; era hijo del regidor Fernando de Valdés y hermano de Alfonso de Valdés, el que sería secretario del Emperador Carlos V.

Parece ser que estudió Derecho Canónico en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), aunque lo cierto es que Juan fue un hombre, según testimonia Francisco de Enzinas, 'muy bien educado' y con estudios en las artes liberales, como el mismo Erasmo afirma en la correspondencia que ambos mantienen.

Además de las lenguas clásicas, latín y griego, Juan aprenderá el hebreo, lo que posteriormente usará para traducir los Salmos y las epístolas de San Pablo al castellano.

Como otros compatriotas de aquella época, Juan hubo de exiliarse de España por las 'molestias y peligros', en frase de Erasmo, que le aquejaban, sin duda por la publicación del Diálogo de doctrina cristiana. En 1531 fue a Roma donde estuvo un poco de tiempo, para terminar fijando su residencia en Nápoles.

Diálogo de la Lengua

En esa ciudad es donde la actividad de Valdés va a alcanzar su plenitud en todos los sentidos: en el literario y en el espiritual. En el literario con la producción de la joya que lleva el nombre de Diálogo de la Lengua, obra que incluso un enemigo tan declarado de la Reforma como Menéndez y Pelayo la estima como:

'Libro de oro... Si Antonio de Nebrija no hubiera escrito antes su Gramática, ortografía y vocabulario, no tendríamos reparo en conceder al hereje de Cuenca el título de padre de la filología castellana. Fue el primero que se ocupó en los orígenes de nuestra habla, el primero que la escribió con tanto amor y aliño como una lengua clásica, el que intentó fijar los cánones de la etimología y del uso, poner reparo a la anarquía ortográfica, aquilatar  los primores de construcción y buscarlos en la lengua viva del pueblo...'

Discípulos

La actividad espiritual de Juan de Valdés va a alcanzar su cenit también en Nápoles; allí va a saber rodearse de un grupo de personajes perteneciente a lo más selecto de la ciudad, entre los que se encuentra el general de la orden capuchina Bernardino Ochino, el abad Pedro Mártir Vermigli -quienes con Valdés forman el triunvirato satánico según frase de sus enemigos-, el marqués Galeazzo Caracciolo y el embajador Pietro Carnesecchi por citar unos pocos, que se reúnen para compartir sus inquietudes religiosas. En ese grupo hay algunas mujeres pertenecientes a la nobleza: la princesa Giulia Gonzaga, la marquesa Victoria Colonna, la duquesa Catalina Cibo y otras. Todos ellos comparten su interés por el evangelio de la justificación por la fe sola, dejando a un lado obras y méritos propios.

'Pero entended que cuando digo fe, no entiendo la fe que solamente cree la historia de Cristo, porque ésta puede bien estar y está sin caridad; y por eso la llama Santiago fe muerta, la cual tienen los malos cristianos y tienen asimismo los demonios del infierno; pero entended que cuando digo fe, entiendo hablar de aquella fe que vive en el alma, ganada no con industria ni con artificio humano, sino mediante la gracia de Dios con la luz sobrenatural, la cual fe da crédito a todas las palabras de Dios...'

De los textos de la poetisa Victoria Colonna, marquesa de Pescara, podemos hacernos una idea de las creencias del grupo de Valdés:

'¿Quién temerá jamás, en la hora extrema
de su vida, el golpe mortal y fiero,
si con perfecta fe eleva el pensamiento
al dolor amargo de Cristo en la cruz?'

(Soneto 44)

O este otro:

'Ciega es nuestra voluntad, vanas son las obras.
Al primer vuelo caen las alas mortales
Sin aquel firme sostén de Jesús.'

(Soneto 75)

Giulia Gonzaga

La otra mujer sobresaliente de este grupo es Giulia Gonzaga cuya belleza, tanto física como espiritual, traspasó fronteras y a la que Valdés dedicará su Alfabeto Cristiano, manual de instrucción en las verdades evangélicas, escrito en forma de diálogo entre el propio Valdés y Giulia:

'Tres vías llevan al conocimiento de Dios: la luz natural, que nos hace conocer su omnipotencia; el Antiguo Testamento, que nos muestra al Criador como terrible a la iniquidad; finalmente, Cristo, vía luminosa y maestra... Pero no basta creerlo: es necesario experimentarlo...'.

Giulia morirá antes de que la Inquisición se ocupe de ella, lo que no evitará que el antiguo Inquisidor General, Michele Ghislieri, ahora Pío V, con el expediente sobre Giulia en su mano, exclame: 'Si yo hubiera tenido esto antes de su muerte, la hubiera quemado viva.'

Traductor

Como hemos dicho antes, Valdés traducirá al castellano los Salmos y las cartas de San Pablo -según el texto griego de Erasmo-, con una dedicatoria a Giulia Gonzaga en la que dice:


Portada de la primera edición del Dialogo de Doctrina Cristiana de Juan de Valdés, Alcalá de Henares, 1529

'En la traducción he querido yr muy atado a la letra, sacándola palabra por palabra, en quanto me ha sido posible, y aun dejando ambigüedad adonde hallándola en la letra griega, la he podido dexar en la castellana, cuando la letra se puede aplicar a una inteligencia y a otra. Esto he hecho, porque traduciendo a San Paulo no he pretendido escribir mis conceptos, sino los de San Paulo. Es bien verdad que adonde me ha parecido he añadido algunas palabrillas en el texto; pero algunas d’ellas se entienden en la letra griega, aunque no están escriptas, y otras parece que necesariamente se han de entender.'

Aparte de esas traducciones, Valdés incluye en su obra Diálogo de Doctrina Cristiana la traducción al castellano de los capítulos 5, 6 y 7 de San Mateo, es decir, el Sermón del Monte.

Valoración

Resulta muy difícil encasillar a Juan de Valdés; aunque sus enemigos lo catalogaron como luterano, él nunca rompió abiertamente con la Iglesia Católica como hiciera Lutero; tampoco tenía el concepto de Sola Escritura tan caro al protestantismo, pues hay en Valdés una especie de misticismo supra-escritural. Tal vez se le podría asociar con Erasmo en el sentido de haberse quedado a medio camino entre el catolicismo y la Reforma.

Murió en el verano de 1541.

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